Cuando las adversidades de la vida, duelen mucho

Considero que el ser “optimista” o lo que es lo mismo, dirigir la mirada hacia las soluciones en vez de hacia los problemas, supone una verdadera ventaja, que puede ayudarnos y mucho, aunque nos parezca mentira. Especialmente cuando nos disponemos a saltar esos obligados charcos negros”, que nos sorprenderán más de una vez, a lo largo de nuestra vida. 

¡Pero qué complicado resulta!, es una “postura muy difícil” a la que acceder, cuando las circunstancias que tenemos que vivir son realmente duras. Supone un enorme esfuerzo. Sin embargo, es muy recomendable que intentemos como sea, el  adoptar una posición en la que logremos mantener “la esperanza”. Acompañada, por otro lado de sensatez y sentido común”, que no están reñidos con el optimismo, en absoluto.

Por eso personalmente, sugiero que utilicemos todos los recursos posibles para obtener un “poco de aliento” , ya que nos supondrá una “saludable aportación” que regalarnos, para sobrellevar aquellas circunstancias de “nuestro camino vital”.

Ese tipo de optimismo que implique, aceptar la objetividad de que se trate, por muy dura que sea, con la confianza de que, a pesar de los obstáculos que nos encontremos, “hallaremos una solución” de alguna forma, en que “dejemos de sufrir tanto”.

Ese tipo de optimismo que haga que nos “involucremos activamente” en nuestro problema y que actuemos con “determinación”. Ya que sabremos que siempre “habrá algo que podamos hacer”. Con lo que lograremos ser, además, “los verdaderos protagonistas” de nuestra vida.

Y que nos impida quedarnos paralizados, llorando o maldiciendo, “por demasiado tiempo”.

El que sirva de motor para “impulsarnos a buscar” , la manera en que las adversidades se hagan más llevaderas. Que nos permita abordar esos contratiempos con buen humor, que es con total seguridad, muy buen “aliado”.

Pero que, al mismo tiempo, nos deje “comprender” que como humanos que somos, vamos a desfallecer, de vez en cuando, a rendirnos, algunas veces y a cabrearnos con la vida , en muchos momentos.

Tenemos que tener en cuenta, que también puede aparecer el temido autoengaño y “dar la espalda al asunto en cuestión” , que tendremos, ineludiblemente, que afrontar. 

El optimismo, pues, es una actitud que podremos elegir libremente, una opción más de la vida, que si decidimos adoptar, y que transformará “esa misma cruel realidad” que nos haya tocado en suerte, en “menos mala” y hará que no existan tantos“colores oscuros en el camino a seguir”. Y que se abran , como por “arte de magia”, pequeños agujeros por donde “entrará la luz”.

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