Un nuevo talento

Es verdad que me diagnosticaron esta enfermedad hace muchos años. Enfermedad, que vino decidida a permanecer a mi lado día tras día, del resto de mi vida. Y, así, sin a penas haberme dado cuenta, me ha “mantenido en este largo y sorprendente susto de casi 30 años.”

Y sí, aunque parezca mentira, ha sido este, un llamativo prolongado duelo”, tan tremendamente dilatado, a lo mejor, por no querer admitir, “esta ineludible realidad que me tocó en suerte”. Y así, con sus diferentes etapas de negación y de ignorancias, de enojos, de resignaciones, de aflicciones, de desaires, de escepticismos, de victimismos, de temores, de alivios, de desconsuelos y etc y etc, he ido entreteniéndome y eludiendo esta, mi verdad, fantaseando, consiguiendo“estar allí lejos, en vez de estar enfrentándome a mi evidente mal”.

Y, entre aquellas fantasías y esas esperanzas, otras magias y diferentes objetividades, idas y venidas, desde,  “hoy no me ocurre nada, hasta creo que, este ya es el final”… han ido pasando los años.

Unas veces elegí como única verdad, aquello que me decía solo lo que estaba dispuesta a escuchar, otras, lo que prepotentemente trataba de imponer a todos los demás y solo algunas pocas veces, me doblegaba a aceptar.

Ya de pronto, me abatía el cabreo con todo y todos y sentía que nadie me quería , como necesitaba y el victimismo se volvía a instaurar. Ellos no saben por lo que estoy pasando y no puedo soportar que sigan viviendo sin más. También, odié a los médicos, “que en su tremenda ignorancia, no me sabían curar”.

Pero detrás de cualquier sentimiento o actitud, siempre se agazapaba disimuladamente y con millones de excusas, “la sombra del miedo, el desasosiego y la inquietud”,  acerca de qué vendrá después, de con qué me he de encontrar y a qué más, me tendría que enfrentar.

Pero ya está llegando, al fín, el momento de la serenidad”. En que  parezco haber  alcanzado una especie de reconciliación o pacto con la vida, para poderlo sobrellevar.

Con lo que llegados a este punto, por fín soy “lo necesariamente sensata”, de darme cuenta de que muy a mi pesar, “la enfermedad es una realidad”. Ya no busco culpables, ni a qué ni a quién censurar, las cosas ocurren porque ocurren y ya está. Creo que me resultará mucho más favorable esta nueva actitud que he decidido tomar. De  calma y acatamiento ante mi inevitable padecimiento.

Y, entre tanto revuelo de etapas, una, de vital importancia, casi se me llega a olvidar, que es “la de la POSIBILIDAD” de crear nuevas alternativas, otros senderos, abrir novedosas puertas hacia caminos intransitados, con destinos probablemente de lo más inesperados.

Y utilizar mis energías para extraer el más adecuado provecho y eficiente aprendizaje de este infortunio. Si he de convivir con esta dolencia, ¿por qué no encontrarle la oportunidad que tras toda adversidad se esconde?.

Ciertamente, no he sido plenamente consciente de lo que me ha ido ocurriendo a lo largo de todos estos años, pero, resulta que me acabo de encontrar con lo que sospecho que es mi talento oculto”, por lo que lo debo compartir. Hablar de emociones, sentimientos y sensaciones que atropelladamente revolotean por mi cabeza y que he tenido el enorme privilegio de poderlo rescatar por mi enfermedad.

Sinceramente, muy lejos de pretender ser arrogante, solo procuro ser honesta conmigo misma, porque me lo debo y lo merezco, reconozco humildemente, esta discreta valía”, y por ella voy a perseverar y me voy a entregar.

 

 

 

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