Vivir en la felicidad, a pesar de la tristeza

Y de pronto, me ha surgido y quiero hablar, una vez más, de la felicidad. ¿Que significa realmente, vivir en la FELICIDAD?

Para mí no significa estar de juerga todo el rato, ni mucho menos no padecer jamás, sino más bien una opción libremente elegida de serenidad”, que nos ayudará a sufrir con menos dolor el sufrimiento, que irremediablemente tendremos que soportar. Pero quizás nos permita resistirlo con un poco más de coherencia y paz.

Lo cierto es que se me ocurre decir muchas cosas, como que la felicidad,  es algo que hay que buscar, o que no es algo que gratuitamente caiga del cielo, o que hay que trabajarla, etc, etc.

Pero, de las doscientas ideas que se me han pasado en un momento por la cabeza, para definirla, creo que elegiría, que la felicidad “se va construyendo, poquito a poco, a lo largo de la vida”.

Particularmente, en mi caso puedo decir, que un buen día, por distintos oportunos avatares de mi vida, “decidí agarrarla” y me propuse, “ser una persona feliz”, que no significa que esté siempre contenta. Aunque para ello, tuviera que luchar y renunciar al confort de dejarme llevar por la vida y sus “excusables infortunios”.

Y es que, me da la sensación, de que el ser o no feliz, aunque suene candoroso y tal vez excesivamente ingenuo, es “una ardua decisión personal”, lo siento, pero es que así lo creo.

La verdad, es que todos estamos más preparados para ser felices que para lo contrario. Es imposible lograr ser infeliz todo el rato. Lo más natural es que en algún momento de nuestra vida, aparezca la felicidad, aunque nos empeñáramos en no tenerla”.

Por otra parte, he comprobado en mis propias carnes, que fingir aunque sea con una forzada sonrisa en el rostro”, es suficiente para engañar al cerebro, haciéndole creer que nos sentimos bien en un momento dado. Lo que contribuye, aunque no lo deseáramos, a lograr hacernos sentir contentos”, de tal forma que hormonas propias de la felicidad, como las dopaminas, serotoninas, etc...empiezan a actuar, produciéndonos un inevitable estado de lo más agradable.

Por tanto, siento decir que más bien se trata de elegir ser o no feliz” nosotros mismos. Sin olvidar además, de que tenemos la responsabilidad de “hacer felices a los que nos rodean”, o por lo menos, de no amargarles la existencia.

Por lo que todo ello me ha llevado a una sencilla conclusión y es que la felicidad es una “elección voluntaria”, a pesar de que nos disguste la idea. Por ello personalmente, he decidido comprometerme a vivir cada instante con todo el apasionamiento que sea necesario, pues, “solo sé que existo ahora mismo”, pero no tengo ni la mas remota idea de lo que unos segundos después me va a pasar. Por lo que siento que tengo un compromiso con la vida y tengo que ser feliz, no todo el rato, ni siempre, pero opto por “esta actitud predominante en mi vida”.

Y sé que la única verdad, es que puedo elegir, entre ser tremendamente desventurada por las cientos de cosas malas que me van a ocurrir, o sencillamente, optar por “ser feliz a pesar de ellas”. Y he decidido lo segundo.

Me he dado cuenta además, que para adoptar esta postura, tengo que tener “verdadera valentía”, para echarle el arrojo necesario a la vida y afrontarla con el porte de “empeñarse sentirme ufana a pesar de las malditas circunstancias”. Pero, no dando la espalda a la realidad, sino “avanzar erguida y con firmeza”, a su lado.

Al fin y al cabo, todo depende de la disposición con la que me plante ante esas coyunturas, del más o menos rápido ademán” que esté dispuesta a hacer para retirar las lágrimas de mis ojos y que me permitan seguir teniendo una visión clara y curvar mis labios ligeramente hacia arriba, lo que pueda, a pesar de lo que duela. Para definitivamente elegir sentirme afortunada por tener la oportunidad de vivir”.

Por lo que mi felicidad va a “pender de un hilo invisible que cuelga desde lo más hondo de mi ser”, por lo que me atrevo a decir, que si soy desgraciada o no, nunca será por las circunstancias que me rodeen, sino por subestimar la cantidad de oportunidades buenas a las que tengo ocasión de optar en mi vida, atendiendo solo a las fatalidades que también se me presentarán. La fatalidad solo me dará tristeza, pero que se soportará sobre mi felicidad interna, que me a aliviará.

Y en este punto, a pesar de haber empezado este texto planteándome qué era eso de la felicidad,  sorprendentemente y sin esperarlo se ha ido conduciendo hasta una curiosa conclusión final. Pues, parece que al fin y al cabo, todo se trata de una especie de lucha interna que existe en cada uno de nosotros. “Entre dos posturas enfrentadas eternamente”, una perpetua pugna entre razonamientos oscuros y claros”, que emanan espontáneamente desde nuestra cabeza. Unos nos arrastran hacia lo negativo y sin esperanza y los otros hacia lo positivo, el optimismo, el algo bueno se puede todavía por hacer”. Y hay que decidir a quien dejar que lleve el protagonismo”, por lo que en nuestra mano está disponer, qué pensamientos vamos a permitir que gobiernen nuestra mente, para que produzcan unas emociones y sentimientos determinados, que nos llevarán hacia el camino que hemos elegido. Y con ello obtener “nuestra singular felicidad”.

 

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